Columnas · Primera
Columna: la paciencia que las inferiores piden y el hincha no tiene
Entre el apuro por ver debutar a la próxima joya y los tiempos reales de una formación, hay una grieta. Una mirada personal.
Cada vez que un pibe la rompe tres partidos seguidos en Reserva, el reloj del hincha se acelera. Lo quiere en Primera el domingo. Y el problema no es el deseo: es que el deseo se confunde con un plan.
Una cantera no produce jugadores como una fábrica saca piezas. Produce procesos, y los procesos tienen mesetas, lesiones, partidos malos, semestres enteros en los que un chico parece haberse estancado y en realidad está cambiando de cuerpo.
La paradoja es conocida: el club que mejor forma es el que más resiste la tentación de quemar etapas. Pero esa resistencia, puertas afuera, se lee como tibieza.
Escribir de inferiores es, muchas veces, pedir paciencia. Y la paciencia, en el fútbol argentino, es la mercancía más escasa que hay.